La introducción del saxo en la música de los que están considerados como los máximos representantes del  doom o black jazz supuso la transformación definitiva para Bohren & Der Club of Gore. Esta formación alemana se educó musicalmente en bandas de hardcore y metal oscuro, sin embargo, bajaron el tempo casi hasta la mínima expresión y, con el saxo y el piano, se han convertido en una de las apuestas de jazz contemporáneo más arriesgadas e interesantes de Europa.

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El descubrimiento de un grupo  como Bohren & Der Club of Gore nos reafirma en nuestra pasión por el saxofón. El uso que le dan los alemanes es muy sutil y controlado pero la música de esta banda está formada por pequeñas piezas que de una manera casi mágica acaban creando un sonido embaucador y un ambiente oscuro que atrapa y del que es difícil salir.

Los amigos de colegio Thorsten Benning (baterista), Morten Gass (órgano, sintetizadores, bajo de 8 cuerdas), Robin Rodenberg (bajo) y Reiner Henseleit (guitarra) hacían música extrema en varias formaciones de metal, algunas con nombres tan gráficos como Chronical Diarrhoea, pero se cansaron de intentar imitar a sus grupos favoritos y adoptaron una mezcla de slow jazz con sus influencias de rock duro que se ha convertido en la marca de la casa y que ellos describen como una especie de versión muy ralentizada de Black Sabbath.

En 1992 montan el grupo que inicialmente sólo se llamaba Bohren (“taladrar” en alemán), pero al que añaden & Der Club of Gore en homenaje a la banda instrumental holandesa Gore.

 

En 1997, Henseleit abandona el grupo y llega el saxofonista Christoph Clöser, con lo que se le dice adiós definitivamente a la guitarra. El saxo de Clöser, pese a seguir la misma línea decadente y oscura del resto de componentes del grupo, introduce cierta luminosidad, una luz difusa pero que hace a veces de bálsamo para cortar el ambiente incluso sofocante que puede llegar a crear la música de Bohren und Der Club of Gore.

En Europa han podido disfrutar en los últimos meses de los directos de este grupo poco dado a hacer giras. No tenemos demasiadas esperanzas de verlos por Argentina próximamente pero por las críticas de sus conciertos, su música y las fotografías, nos podemos hacer a la idea de que, en vivo, Bohren und Der Club of Gore deben ofrecer una experiencia similar a la liturgia.

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Sobre el escenario los músicos visten de negro riguroso y la única iluminación son cuatro focos pequeños sobre cada uno de ellos. No se sabe muy bien si van a tocar instrumentos o a jugar una partida de poker en algún club subterráneo de una gran ciudad, más aún cuando la estética y la música de esta banda recuerdan tanto a las películas de cine negro, plagadas de peligrosos mafiosos y misteriosas damas.

Si quieren convertirse en el protagonista de una de estas películas, recomendamos la escucha de Bohren und Der Club of Gore. Cerca del anochecer y con la predisposición de dejarse seducir e hipnotizar por el saxo de Clöser y sus secuaces.