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Conoce a Jorge Polanuer

Jorge Polanuer, conocido por sus talentosas habilidades con el saxofón, y por sus excelentes dotes como compositor, arreglador y docente. Jorge Polanuer forma parte del exitoso grupo musical “los cuatro vientos“, donde Ampliar »

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Murio Sam Rivers a los 88 años

El pasado 30 de diciembre de 2011, nos dejo a los 88 año uno de los grandes del Jazz que supo generar una conexión entre el Free Jazz y el Bebop en Ampliar »

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Paquito D’ Rivera pasó por Punta del Este

El cubano Paquito D’ Rivera lanzó el Festival Internacional de Jazz de Punta del Estey presentó su último libro. Cito la nota publicada por el Diario Perfil, pero al margen, sería bueno Ampliar »

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III Concurso Internacional Yamaha de Cuartetos de saxofón

Por tercer año consecutivo y con una afluencia internacional de más de 14 países diferentes en las dos ediciones anteriores, Yamaha convoca este certamen en el que pueden participar cuartetos de saxofones Ampliar »

Todos los martes de septiembre “Escalandrum” en Thelonious

El sexteto de jazz argentino Escalandrum, integrado por Daniel `Pipi` Piazzolla en batería, Nicolás Guerschberg en piano, Mariano Sívori en contrabajo, Gustavo Musso en saxo alto, Damián Fogiel en saxo tenor y Ampliar »

Tags: Trompetistas

Convocatoria de trompetas y trombones para orquesta en formación

Ya hace un tiempo que venimos hablando en el foro de Saxo Argentina sobre la formación de una orquesta, big band, o como le quieran llamar, y para eso hicimos la primer convocatoria con un anuncio que se movío bastante (ver post)

Este Jueves 25 de Agosto, vamos a estar haciendo las audiciones para y el primer ensayo pero nos estan faltando trompeta y trombones, con lo cual, si vos tocas alguno de estos instrumentos, no esperes y ni lo pienses, venite directamente a la audición con instrumento en mano, si queres tener o ver antes que vamos a tocar, pasanos un mail para que te mandemos el material.

Si no tocas estos instrumentos pero sabes de alguien que si… pues pasale el dato!!!!!

La audición / ensayo va a ser en Av. Triunvirato 4311, Villa Urquiza – DOMUS ARTIS - 

Jueves 25/08/2011 a las a las 20.30hs (puntualidad que solo tenemos dos horas de momento.)

 

 

 

ARTURO SANDOVAL en Argentina – Septiembre 2011

Martes 20 de septiembre, Teatro Gran Rex.

El famoso trompetista cubano Arturo Sandoval, tocará sus éxitos el 20 de septiembre en el Teatro Gran Rex, Av Corrientes 857, Capital Federal. Entradas proximamente en venta en el teatro Gran Rex, y a través de sistema Ticketek, www.ticketek.com.ar o al 5237-7200.

Arturo Sandoval nació el 6 de noviembre de 1949, en Artemisa, un pueblo de campo, en Cuba. Proveniente de una familia humilde, desde temprana edad se dislumbró su inclinación por la música.

A los 12 años estudiaba en un conservatorio mientras ya tocaba en grupos de forma profesional. A los 13 ingresa en la Escuela Nacional de Música en La Habana, y empieza a tocar en la Orquesta Cubana de Música Moderna con solo 16 años de edad.

Fue miembro fundador del famoso y reconocido grupo musical Irakere, que fusionaba jazz, música clásica, y rock e introduciendo la música tradicional cubana. Lograron éxito mundial alzándose con un Grammy en 1981.

Comenzó su propio grupo con prestigio y reconocimiento mundial. Ganó 6 Grammys, -entre ellos 2 con su disco “A time for love”-, también 6 Billboard, un Emmy, e infinidad de galardones y premios. Entre ellos la medalla a la excelencia entregada por el Congreso de los Estados Unidos, reconociéndolo como “ejemplo” a seguir por la comunidad latinoamericana.

En el 2000, la señal HBO produjo una película sobre su vida, “For love of country” (la historia de Arturo Sandoval), con Andy Garcia, interpretando a su personaje, y el propio Arturo Sandoval componiendo la banda sonora que ganó el premio Emmy.

Su amplio rango musical lo llevó del jazz al pop, y muestra de ello son las actuaciones realizadas con el fenómeno pop, Justin Timberlake o en los Billboard con la genial Alicia Keys, asi como en los Oscar con Celine Dion y con Stevie Wonder en los Grammys.

En forma paralela trabajó como profesor por más de 20 anos en la Universidad Internacional de Florida y escribió 4 libros con la editorial Hall Leonard.

Es también un renombrado músico clásico, compuso un concierto para trompeta que fue grabado con la sinfónica de Londres. Grabó varios discos de música clásica, entre ellos el concierto para trompeta de John William. Su maestria en el género lo llevó a poder tocar con las más prestigiosas orquestas sinfónicas del mundo, entre ellas la Sinfónica de Londres, la Sinfónica Nacional en Washington, la de Boston, la de Paris y Chicago, entre otras.

Dicha versatilidad lo avalan su participación en discos con artistas como Dizzy Gillespie, Woody Herman, Michael Legrand, Woody Shaw, Stan Getz, Johnny Mathis, Frank Sinatra, Paul Anka, Rod Stewart, Alicia Keys y Tony Bennett, entre otros, o también verlo con la orquesta Boston pop, dirigida por el maestro John Williams, o tocar en peliculas como “Havana”, “Rango” y “Piratas del caribe”.

Dentro del ámbito de la composición, escribió música para películas como Mambo Kings (Los reyes del mambo), “The Perez Family”, “Random Heart”, “Mr. Wrong”, “61”, “Oscar” y “The Fuentes family”. También lo hizo para ballets y musicales como “O man o men”, “The hot chocolate nutcracker”, “Soul posses”, “The Pepito story”, trabajos encomendados por la gran coreografa y directora de películas y musicales, Debbie Allen.

Arturo Sandoval es un músico que no puede enmarcarse dentro de una categoría, es uno de los más grandes trompetistas de la historia, un virtuoso de su instrumento, gran compositor, pianista, director de orquesta y productor, en síntesis uno de los más prodigiosos y talentosos músicos de nuestros tiempos.

Todo su talento será desplegado el próximo martes 20 de septiembre en el Teatro Gran Rex, Av Corrientes 857, Capital Federal. Entradas proximamente en venta en el teatro Gran Rex, y a través de sistema Ticketek, www.ticketek.com.ar o al 5237-7200.

Master Class de Trompeta en el Bellas Artes

Del 1 al 5 de agosto próximo se realizará, en el Museo de Bellas Artes de Salta (Avda. Belgrano 992), la primera edición de la Master Class de Trompeta, Argentina Tour 2011, a cargo del professor Pierre Badel

Del 1 al 5 de agosto próximo se realizará, en el Museo de Bellas Artes de Salta (Avda. Belgrano 992), la primera edición de la Master Class de Trompeta, Argentina Tour 2011, a cargo del professor Pierre Badel.

La misma es organizada por el Centre International des Arts et de la Musique y cuenta con el auspicio de la Secretaría de Cultura de la Provincia, a través del Instituto de Música y Danza y el Museo de Bellas Artes.

El objetivo de esta Master Class es brindar al trompetista un espacio de desarrollo, perfeccionamiento y profundización en los métodos, técnicas y estéticas musicales de la trompeta.

Durante este encuentro, los participantes recibirán además clases individuales y grupales.

El curso finalizará con un Concierto de Cierre junto a la Orquesta Estudio de Salta que dirigen los maestros Julio Menéndez y Martín D’Elía.

Para inscripciones y más información, contactarse con Mauricio Ahumada, al correo electrónico: info@masterclasstour.com.ar Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

Se cumplen 40 años de la muerte de Louis Armstrong

Les dejo una nota que no tiene desperdicio sacada de la Revista Ñ del Diario Clarín de Argentina escrita por Sergio Pujol en conmemoración a los 40 año de la muerte de Louis Armstrong

Por Sergio Pujo – Revista Ñ

Se cumplen 40 años de la muerte de Louis Armstrong, uno de los mayores revolucionarios de la historia del jazz. Una vida tan ilustre como polémica que resuena más allá de los discos.

Los adoradores de Louis Armstrong (Nueva Orleans, 4 de agosto de 1901–Nueva York, 6 de julio de 1971) sabemos esperar. Sabemos que su música ya no se propaga como en otros tiempos. Que difícilmente los improvisadores contemporáneos lo mencionen entre sus influencias. Que, salvo Wynton Marsalis y Nicholas Payton, dos armstrongnianos incondicionales, los trompetistas de estos días adoran a Miles Davis, acaso sin saber que Miles Davis adoraba a Satchmo. Es lógico que esto suceda, siendo el jazz un género de tantas vicisitudes estilísticas. Al fin y al cabo, estamos hablando de alguien que murió hace 40 años, nació hace 110 y dejó de innovar hace 83, si bien esto último –sostenido por varios críticos que no ven progresos en Armstrong después sus discos con los Hot Five y los Hot Seven–, es tema opinable.

Pero la verdad es que nunca pasa mucho tiempo sin que Satchmo vuelva a estar en agenda. En 1979, en una memorable escena de Manhattan, el personaje de Woody Allen enumeraba las cosas por las que valía la pena estar vivo: por ahí andaba, en honorable compañía, el “Potato Head Blues”. Ocho años más tarde, fue la banda sonora de Buenos días, Vietnam (Barry Levinson, 1987) la que se acordó de Armstrong: quizá alguien quiso saber, a partir de la empalagosa “What a wonderful world”, algo más sobre su intérprete. En 2008, el simpático Wall-E (Andrew Stanton, 2008) compactaba basura en un planeta Tierra abandonado por los humanos cuando de pronto se encendió “La vie en rose” en la versión de Armstrong. ¡Gracias Pixar por elegir esa grabación para representar lo humano! O un plus de lo humano, en realidad: la música de Louis Armstrong constituye una de las pocas hazañas artísticas del siglo XX a la que bien le cabe la temeraria calificación de genial.

En un rango de recepción más acotado, algunos datos recientes también hablan de un cierto interés por volver a Satchmo, o “Pops”, como preferían llamarlo sus vecinos de Queens. Justamente, en el barrio de Corona, Queens, la vivienda de Louis y Lucille ha sido convertida en el Louis Armstrong House Museum. Situada en el corazón de la colectividad latina de Nueva York, la casa pronto tendrá un auditorio anexo para que la recordación sea lo más completa posible.

Por supuesto, las grabaciones de Armstrong se reeditan permanentemente. Cuando se cumplió el centenario de su natalicio, hubo lluvia de reediciones; muchas de ellas aún se consiguen, amén de las que se agregaron más tarde, como la del entrañable Ambassador Satch (gira europea de 1955) y la del encuentro de Louis con Ella Fitzgerald. Tampoco se queda atrás la bibliografía. En 2009 nos llevamos una grata sorpresa con Pops. A life of Louis Armstrong , la excelente biografía de Terry Teachout, bastante superior a las que unos años antes habían escrito James Lincoln Collier y Laurence Bergreen. En todo caso, esa vida sigue siendo materia atrayente para una narrativa que fluctúa entre la leyenda y la historiografía, sin poder anclar aun en la versión definitiva. Por suerte.

Los primeros 26 años de la vida de Louis Armstrong –en 1927 se convirtió en figura en todos los Estados Unidos– están signados por uno de los grandes enigmas de la historia de la música: ¿qué conjunto de factores coadyuvó en la forja de tamaño artista? De origen muy humilde –padre ausente, madre prostituta, barrio de emergencia, etc.–, Satchmo se veía a sí mismo como un trabajador del espectáculo, si bien la tesis de que carecía de conciencia artística es falaz. Sucede que, por entonces, el jazz era un género inalienable de su función bailable. El arte llegaba por añadidura, pero generalmente llegaba. Abundan datos sobre la autoestima con la que Satchmo evaluaba sus habilidades interpretativas, partiendo de modelos inequívocamente “artísticos”, como los divos del canto lírico a los que escuchaba con un entusiasmo comparable al que profesaba por su maestro King Oliver.

Contra lo que siempre se afirmó livianamente, hay que recordar que Satchmo leía partituras: aprendió de chico en el Colored Waif’s Home for Boys de Nueva Orleans –orfanato al que fue confinado a los 12 años, después de un confuso episodio con un revólver–, se profesionalizó con Fat Marable y se perfeccionó al lado de su segunda esposa, la influyente Lili Hardin. En una época en la que los trompetistas evitaban tocar en tonalidades difíciles para los instrumentos de viento, Armstrong se desplazaba con relativa facilidad por otros ámbitos. No debiera entonces llamar la atención que en varios de sus solos se escuchen notas del “Intermezzo sinfónico” de Cavallería Rusticana . Tampoco debiera sorprender que la célebre cadencia inicial de “West End blues” sea florida como el bel canto de una soprano y espléndida como las partes de trompeta solista de las marchas de Philip de Sousa. Por último, para no sobreabundar en ejemplos, cabe agregar que en la grabación de 1930 de “Dinah” el trompetista cita, dentro de su solo, compases combinados de Rigoletto , la “Marcha del Himno Nacional”, de Eugene Bagley, y “My Hero”, de Oscar Strauss. Armstrong era una enciclopedia de melodías universales.

Todo esto, a la par de su frenesí jazzístico , claro está. Frenesí que los músicos de su primera gran orquesta solían llamar “fucking rhythm” , aludiendo al sentido sexual que Satchmo parecía darle a su música. Eso le venía del blues , pero él lo convirtió en algo más potente aún. En ese sentido, James Brown fue hijo cultural de Louis Armstrong: ambos se definieron como “máquinas sexuales” –expresión idiosincrásica de Brown– con las lógicas diferencias de contexto de época. En Armstrong, la exaltación de la masculinidad se contrabalanceó con la forma romántica de las melodías, salvo cuando de su voz salían términos del slang que rozaban lo prohibido. Tanto el “doble sentido” de lo sexual como el humor de tono escatológico eran elementos muy frecuentes en su repertorio. Esa voz y esa trompeta le daban entidad al otro americano. De haberle prestado atención, el teórico ruso Mijail Bajtín habría encontrado en Armstrong preciosos ejemplos para su teoría de la carnavalización y la cultura popular.

El mundo del espectáculo entendió rápidamente el costado más sexual de Armstrong y lo llevó al estereotipo de lo fálico en ese corto de Betty Boop en el que un Satchmo caníbal persigue a la flapper con el propósito de someterla sexualmente. Es una representación netamente racista, desde luego, que parece referir a las escenas más abominables de El nacimiento de una nación de D.W. Griffith (1915). Pero Armstrong no era un sujeto totalmente pasivo en la representación. Su música estaba construida sobre un imaginario muy inquietante. El lo sabía perfectamente; esa era, en parte, su estrategia para que la voz del negro se hiciera oír, tanto dentro como fuera del gueto. Su música generaba alegría y miedo por igual.

Pero la complejidad del hijo pródigo de Nueva Orleans impide descartar rápidamente tanto la idea del buen salvaje que conmovió a golpe de ritmo los estamentos de la música occidental como la del virtuoso trompetista que buscó integrarse a una tradición. “Shakespeare inventó a Calibán, ¿pero quién demonios inventó a Louis?”, se preguntó el novelista Ralph Ellison. Es una pregunta pertinente. El impacto que produjo el joven Armstrong y que lo convirtió muy tempranamente en el ídolo de los músicos de jazz de su generación tenía la forma de una subversión sonora de tipo unipersonal.

En 1923, King Oliver le encargó la segunda trompeta de su banda, pero pronto el discípulo desplazó al maestro, dejando a este en una situación muy incómoda. Cuando Armstrong ingresó en la orquesta de Fletcher Henderson en Nueva York, su manera de improvisar no sólo cambio el sonido de una formación de baile hasta ese momento bastante anodina sino también la dirección del jazz orquestal en su conjunto, sentando así las bases del estilo swing que dominaría, con el propio trompetista a la cabeza, toda la década de los 30. El hombre era un terremoto.

Bondadoso y honrado como nadie, Armstrong no podía empero ocultar un defecto, o acaso una cualidad en los términos muchas veces pugilísticos con los que se presenta el jazz : su competitividad excesiva, que llegó a mal disponerlo con todo a aquel que rivalizara con su talento. A su viejo amigo, el notable pianista Earl Hines, llegó a criticarlo por egocéntrico. Las veces que grabó con el clarinetista Sidney Bechet se lo notó algo tenso. A Henry Allen, un notable trompetista, lo contrató para su orquesta de finales de los 30, pero sin asignarle solos. Compartió una jam session con Bix Beiderbecke, al que elogió muchísimo…, cuando este había muerto hacía tiempo. De Dizzy Gillespie no dijo cosas muy lindas y Dizzy nunca lo reivindicó lo suficiente, aunque hicieron las paces sobre el final de la vida de Satchmo.

En realidad, estas rispideces dan la clave del genio de Armstrong: la glorificación del solista. De ingenio inagotable, capaz de sumar coro tras coro en un crescendo que solía rubricar con notas sobreagudas –el do superior repetido era su tour de force –, Satchmo hizo de un folclore regional un arte nacional, llevándolo luego a Europa y desde allí al resto del mundo (anduvo por la Argentina en 1957). Pero esa operación no hubiera tenido toda su importancia de no ser acompañada de una gran definición: la figura del solista que improvisa un paso al frente de sus compañeros.

Basta con ver las películas de sus conciertos con los All Stars, la banda que lo acompañó entre 1947 y el final de su vida, para entender cómo interactuaba Armstrong con el resto de los músicos. Al comienzo permanecía juiciosamente en la línea de los vientos, a la par del trombón y el clarinete. Pero una vez tocada su primera improvisación –la primera siempre era la melodía del tema con un fraseo diferente–, ya nada volvía a ser como antes. Armstrong se expresaba de manera tan brillante, con un timbre y un fraseo tan originales, que luego era imposible reconstruir la textura polifónica del origen. En cierto modo, cada una de sus actuaciones era una teatralización de la historia del jazz , yendo de la improvisación colectiva a la improvisación solista a través de un poder de persuasión que refundaba todo lo que tocaba. Y todo lo que cantaba: ¿hace falta puntualizar que el canto jazzístico nació con el scat de Louis Armstrong? Aun los estilos de jazz más alejados del suyo le deben esta proeza de individuación del músico negro en una sociedad racista, aunque no todos lo entendieron así. En los años 50 y 60 se alzaron voces de protesta contra el tipo de imagen que, según se decía, él había colaborado a instalar. Lo acusaron de haber asumido pasivamente el rol de Tío Tom; de haber congelado en su rostro una sonrisa de genuflexión, de postración frente al amo blanco, después de haber usado por algún tiempo el taparrabo del caníbal. Los roles que Hollywood, ese amigo falluto del jazz , le asignó fueron siempre en esa dirección: el bueno de Satchmo estaba ahí para divertir a los criados o para despertar la simpatía paternalista del galán o de la heroína del filme. Sus papeles: brujo de la tribu, ladrón de gallinas, lustrabotas, cuidador de caballos y, en el mejor de los casos, un músico de variedades. Nunca tuvo el cartel de Bing Crosby ni de Frank Sinatra. Hacia el final de su vida, batió records con el disco “Hello Dolly”, la única canción de los 60 que pudo quebrar, por unos meses, la hegemonía de Los Beatles, si bien en la película homónima, que tan bien se aprovechó del disco precedente, Armstrong sólo apareció 4 minutos al lado de la protagonista Barbra Streisand.

¿Debió acaso rebelarse contra esas formas menos groseras de discriminación con la misma vehemencia con la que en 1954 enfrentó verbalmente al presidente Eisenhower, acusándolo de complicidad con el racismo sudista? ¿Acaso la carnavalesca de los primeros años debió dar paso a una actitud más arrogante y orgullosa? Pero ¿qué otra cosa hubiera podido hacer con su imagen una estrella negra –acaso la primera, después del barítono Paul Robeson– crecida en los EE.UU. previos a las grandes luchas por los Derechos Civiles? Con el tiempo, los cuestionamientos se fueron apagando; hoy nos llegan como testimonios de una grandeza titánica, la propia de alguien al que todo se le pedía, como si de un dios se tratara. Un dios con incontables creyentes, en todas partes, en todos los géneros. Cuenta Teachout en su libro que, en una oportunidad, Herbert von Karajan, famoso por su metrónomo interno, le dijo exultante a los músicos de la Filarmónica de Viena: “Esta noche voy a escuchar a Louis Armstrong y sus All Stars. ¡Imagínense! Dos horas seguidas con una música que jamás se acelera o retarda por error”.

GILLESPI ESTRENA CD “ESO PASO AYER”

El trompetista y compositor Gillespi tocará las composiciones de su nuevo disco, “Eso pasó ayer”, en un concierto que se realizará mañana (repite el 13 y 20) a las 21.30 en el Samsung Studio (Balcarce 433).
“Como todos mis discos anteriores fueron hechos en forma independiente e incluso algunos quedaron fuera de catálogo, decidí agruparlos en un álbum que va desde 1998-2008 y es una forma de que algunos de los temas clásicos de mi carrera vuelvan al ruedo”, explicó Gillespi en diálogo con Télam.
De esta forma se juntaron en la flamante placa temas de las producciones “Ultradeforme” (1998), “Superchatarra espeshal” (2002), “Es” (2004) y “Bell Vill” (2008), muchas en versiones nuevas e inéditas.

 

“Me quedó afuera del compilado -acotó- el disco `Gillerama` que se editó en 2009, pero que todavía se encuentra en el catálogo de una multinacional”.
“Tuve el honor -destacó el músico- de que las mezclas fueron realizadas por Gustavo Gauvry, el más reconocido ingeniero de sonido de la Argentina y que trabajó con los Redondos, Serú Girán, Spinetta y los Ratones Paranoicos”.
Además, contó que la masterización corrió por cuenta de Andrés Mayo, “quien mejoró la calidad de sonido de las canciones de distintas épocas, dándole una uniformidad notable al disco, junto al arte de tapa de Costhanzo, que trabaja conmigo desde mi anterior CD”.
Con respecto a la placa en sí, Gillespi (Marcelo Rodríguez) dijo que recorre “distintos formatos instrumentales, desde grandes formaciones que incluyen brass section a temas intimistas en dúo de trompeta y piano”.
El sonido de Gillespi aparece como más cercano al jazz-rock eléctrico, el soul y la canción pop instrumental que al jazz tradicional, con la inclusión de sintetizadores, baterías programadas y loops, en donde las máquinas y los músicos interactúan constantemente.
Participaron del disco músicos de la talla de Pedro Aznar, Mono Fontana, Paul Wertico (baterista de Pat Metheny Group), Javier Malosetti, Jota Morelli, Guillermo Vadala y Willy Crook.
Sobre los conciertos, el músico adelantó que “habrá invitados sorpresa” y que tocará temas de todas las épocas además de presentar algunos estrenos.
El trompetista estará acompañado por una banda integrada por Patán Vidal en piano, Lapo Gessaghild en guitarra y Sebastián Peyceré en batería.

Fuente | Telam